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Ante el anunciado paro magisterial

Por Rafael Bernabe

He leído señalamientos de que el anunciado paro magisterial sería un acto de desestabilización, que pondría en peligro la educación de 450,000 estudiantes, que afectaría la productividad del país y su imagen en el exterior, que las clases deben empezar en la normalidad y el diálogo desarrollarse sin paros.

Pienso que cuando los gobernantes cierran los oídos ante exigencias justas, hay que subir el tono de la protesta. Esa es la lección de la lucha por la libertad. Puerto Rico está, sin duda, bajo el impacto de actos de desestabilización: el gobierno desestabiliza al país con una medida tras otra cuyo efecto es empobrecer al pueblo. Esa política es la otra cara de su incapacidad de tocar los privilegios de las más grandes empresas, de enfrentar a los bonistas (planteando una renegociación de la deuda) y de buscar soluciones al país que no sean la privatización y la emigración de miles de personas que no encuentran empleo en Puerto Rico. Los bonistas que están estrangulando a Puerto Rico y el gobierno que los ayuda en ese estrangulamiento, son los que están desestabilizando cada rincón de la sociedad puertorriqueña. Ellos son los desestabilizadores, no los maestros: los maestros tan sólo hacen lo que pueden por defenderse de ese ataque desestabilizador.

No hay duda de que la educación está bajo ataque, que peligra la educación de 450,000 estudiantes: está bajo ataque de un gobierno que paga a los maestros salarios de miseria y que ahora pretende reducir su salario mensual, aumentar sus aportaciones al retiro y reducir su pensión. Está bajo ataque por un gobierno que pisotea y desmoraliza al docente. Quien ataca la educación es ese gobierno sordo y patronal, no los maestros. Los maestros tan solo se defienden y defienden la educación de ese ataque feroz del gobierno.

Es cierto que la productividad de Puerto Rico está amenazada. Está amenazada por una estructura económica que si bien genera $37 mil millones de ganancias cada año para un puñado de empresas, no es capaz de dar empleo a más de 50% de la fuerza laboral del país: que malgasta toda su capacidad productiva y creativa. Está amenazada por un gobierno incapaz de diseñar un proyecto económico para superar tal situación. Los maestros no son los que frustran la productividad del país, la frustran los gobernantes incapaces de fomentar un país productivo. Los maestros tan sólo se defienden del intento de hacerlos pagar por ese estancamiento económico.

No dudo que los maestros estarían dispuestos a sacrificarse en el trabajo para reconstruir a Puerto Rico, al igual que se sacrifican en el paro y en la huelga. Pero, ¿dónde está ese plan de desarrollo para beneficiar al país y no para perpetuar una estructura que beneficia a unos pocos?

Se llama al diálogo. No nos oponemos. Pero, ¿qué pasa cuando el gobierno no escucha? ¿Nos rendimos ante sus imposiciones? ¿Volvemos a la "normalidad"? ¿Fue eso lo que hicieron los que organizaron el Boston Tea Party? ¿Fue eso lo que hicieron los que lucharon por la jornada de 8 horas o las leyes de salario mínimo, por ejemplo?

Se ha dicho que no se puede dialogar con las escuelas paralizadas por dos días. Es lo mismo que decir que no se puede dialogar durante una huelga. Al contrario, la huelga o el paro muchas veces es la única forma de lograr un diálogo serio y real entre trabajadores y patronos o un gobierno sordo. En tales casos, decir a los trabajadores que protesten pero que no hagan paros, dialoguen pero no hagan paros, propongan, pero no hagan paros es decirles, de hecho: propongan, dialoguen y protesten, pero no pretendan que se les escuche o se les haga caso.

Se quiere que empiecen las clases con normalidad. ¿Normalidad? ¿En Puerto Rico? En un país con más de 15% de desempleo, 40% de participación laboral, violencia generalizada en la calle y los hogares, para mencionar algunos índices, no se puede hablar de normalidad: Puerto Rico vive una aguda situación de emergencia o de urgencia social. No es el paro magisterial el que nos sacará de normalidad: en todo caso es una voz de protesta ante la catástrofe nuestra de cada día que hemos aprendido a llamar normalidad.

Hay miedo de que en Wall Street se enteren que la cosa está caliente en Puerto Rico, que la gente está en la calle. Es el miedo de los que sólo ven un camino: someterse a lo que diga Wall Street. Pero es bueno que en Wall Street sepan la molestia de nuestro pueblo: le conviene incluso al gobierno, si se pone del lado del pueblo. Usen esa molestia para ir a allá y decir: el pueblo de Puerto Rico no acepta ya que se le estrangule, están ustedes en peligro de perderlo todo, así que vamos a renegociar esta deuda. Y para ir también a formular propuestas similares a las empresas que sacan ganancias millonarias del país y al gobierno federal, que debe facilitar una reconstrucción económica de Puerto Rico, misma que también necesita el pueblo trabajador de Estados Unidos. Si se pueden rescatar a los bancos, ¿por qué no rescatar a los pueblos?

Por lo pronto, hay que estar con los maestros hoy, con la UTIER mañana y con todo sector de nuestro pueblo que diga no al intento de hacernos pagar por esta crisis. Como decían los tres mosqueteros de la famosa novela: todos para uno y uno para todos.