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Ponencia a favor del P. del C. 1185

Ponencia presentada el 10 de septiembre de 2013 por Rafael Bernabe.

Ponencia ante la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes de Puerto Rico sobre el P. de la C. 1185

El programa del Partido del Pueblo Trabajador se ampara en la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por ONU en 1948 que en su artículo 25 lee en parte como sigue: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad." (Énfasis nuestro)

 

​Como todos los países del mundo, Puerto Rico necesita un sistema de salud que sea universal, equitativo, económico, eficiente, planificado, integrado, abarcador y facilitador de la labor de los profesionales de la salud. Debe ser universal y equitativo, es decir, ni el acceso a los servicios de salud ni la calidad de los servicios que se reciben debe depender del dinero que se tiene en el bolsillo o el banco. Debe ser eficiente, es decir, debe proveer servicios adecuados al paciente. Debe ser económico, es decir, debe proveer el mejor servicio posible al menor costo posible para todos y todas. Debe ser planificado en cuanto a la disposición geográfica de sus ofreciemientos, entre otros aspectos. Debe ser integrado en cuanto a los servicios que ofrece y al movimiento de lapersona de unos a otros. Debe ser abarcador al no reducirse a curación e incluir, no sólo la detección temprana sino la prevención de enfermedades y la promoción de la salud. Debe proveer condiciones de trabajo y remuneración adecuada para reclutar y retener a los profesionales de la salud que el país necesita.

 

​Pero en lugar de un sistema de salud universal, equitativo, eficiente, económico, planificado, integrado y abarcador y justo con el trabajador, tenemos casi exactamente lo opuesto: tenemos un sistema sin garantías para muchos pacientes, un sistema socialmenteinjusto, ineficiente en cuanto muchos servicios y oneroso y derrochador a costa del paciente, un sistema fragmentado y caótico en cuanto a la ubicación y coordinación de instalaciones y servicios, maltratador del trabajador y de la trabajadora de la salud, y un sistema unilateral que se centra en la curación y deja a un lado la prevención para no hablar de la promoción de la salud.

 

​Este es el terrible resultado de convertir la salud en un negocio, cuya razón de ser y objetivo es generar ganancias privadas. Es la consecuencia de someter la salud a las reglas de la competencia entre empresas, cada una interesada en salvaguardar su interés particular contra las otras. Esa es la consecuencia de convertir lo que debe ser un bien público en objeto de especulación y lucro privado. Esa fue la lógica de la privatización de lo que fue el sistema de la salud pública en Puerto Rico y estos son los resultados: un sistama cada vez más costoso, más incoherente, más ineficiente y más injusto.

 

Una de las consecuencias de la privatización ha sido el secuestro del sistema de salud por las aseguradoras. Como han dicho diversas organizaciones necesitamos un sistema de salud que se centre en el paciente. Debiera ser obvio ¿verdad? Pero hay que decirlo, pues tenemos un sistema de salud que se centra en la ganancia. Y como resultado de esa lógicatenemos un sistema que se caracteriza por la presencia de planes carísimos, fuera del alcance de la mayoría de los individuos; aseguradoras que hacen todo lo posible por negar servicios, por desincentivar las reclamaciones, que regatean pagos a los médicos y que los convierten en racionadores de servicios, que determinan ellas qué servicios o tratamientos o pruebas puede recibir un paciente, o cuando se le debe o no se le debe hospitalizar, que duplican o triplican o cuadruplican los gastos burocráticos y trámites comerciales necesarios para la contabilidad de sus ganancias que nada tienen que ver con el servicio al paciente, que multiplican los gastos publicitarios para arrebatarse unas a otras el mercado que tampoco tienen que ver con el servicio al paciente. Tenemos un sistema asentado en la competencia que conduce a la fragmentación de servicios, a la falta de planificación de la ubicación de sus instalaciones, al maltrato del trabajador y la trabajadora de la salud y un sistema marcadamente injusto en que unos tienen planes con cobertura adecuada, otros cobertura regular y muchos cobertura mínima o ninguna cobertura. Así vemos, para dar dos ejemplos indignantes, a personas pidieno hasta en las calles para costear algún tratamiento que necesita algún familiar, o personas que esperan a que una condición se agrave para que se les atienda en sala de emergencia.

 

​El mayor enfermo en nuestro país es el sistema de salud. Para curarlo tenemos que partir, no del principio de la ganancia privada o la competencia, sino del principio opuesto: el principio de la solidaridad. Empecemos por reconocer que todos dependemos de los otros para desarrollar nuestros talentos, incluso para sobrevivir. La solidaridad no es mera cuestión de ayudar a los otros: es una manera de ayudarse a uno mismo. Por tanto, nuestras instituciones, nuestras leyes, nuestras reglas económicas deberían fomentar la colaboración, la cooperación. Ese principio de solidaridad en el terreno de la salud se expresa de una manera sencilla: si yo me enfermo, tú me cuidas; si tú te enfermas, yo te cuido. ¿Qué forma institucional puede tomar esa solidaridad, ese principio de que nos cuidemos unos a otros? Necesitamos un sistema al que tú y yo, y todos y todas, contribuyamos y que nos cubra y nos proteja a todos y todas. De esa forma nos garantizamos mutuamente que todos tendremos acceso a servicios de salud adecuados cuando los necesitemos. El primer paso es la creación de un seguro de tipo"pagador único" como el adoptado por el estado de Vermont y que existe en países como Canadá, Australia y Taiwan y similar al sistema de Medicare, que ya existe para losenvejecientes. Más adelante habría que explorar la reconstrucción de un sistema de salud público como el que existe en Gran Bretaña y otros países, cuyo modelo más cercano es la administración de servicios a los veteranos.

 

La idea es sencilla. Empresas e individuos (según su ingreso), en lugar de pagar a aseguradoras privadas, aportan a un fondo público que es la base de un seguro del cual todos somos parte. Toda persona, no importa su ingreso, tiene acceso a los servicios. El proveedor (hospital, médico, etc.) recibe el pago del seguro único. Este sistema permitiráreducir los costos burocráticos y de publicidad exhorbitantes que supone tener múltiples aseguradoras. Los recursos se dedicarán al servicio y no al papeleo y la administración de los planes. Libre del objetivo del lucro, el sistema tendrá interés en reducir costos evitando enfermedades y promoviendo la medicina preventiva. La agencia administradora negociará con los proveedores y fabricantes el pago por servicios y la compra en bloque de equipos y medicamentos y podrá planificar junto a los proveedores los servicios y su localización, de acuerdo a las necesidades de la población.

 

Este sistema costará menos que el actual, será más equitativo, será más abarcador y podrá atender mejor al paciente y hacer justicia al trabajador y trabajadora de la salud. Como indicamos: no se trata de un salto al vacío. Es un modelo que ya existe. Podemos adaptarlo a nuestra realidad.  Lo único que hace falta es la voluntad de colocar el bienestar público por encima de las ganancias privadas: de enfrentar la campaña implacable con que los que acumulan esas ganancias defenderán sus privilegios. Les invitamos a que nos ayuden a emanciparnos de los mercaderes de la salud, votando a favor de esta medida. Muchas gracias.